Vergüenza, culpa, miedo…

Me sucedía una cosa curiosa con mis clientes hace años.

Recuerdo un domingo que estaba en uno de los pueblos de mi isla.

Un escenario enorme en medio de la plaza principal, todo vestido de gala porque eran las fiestas de allí.

Desde el escenario, recuerdo ver más de 100 personas delante de mi, no exagero.

Gente ya preparada para bailar y otras simplemente se arrinconaban en los laterales de la plaza para pasar desapercibidos entre la multitud.

Sólo iban a mirar.

[Mientras recuerdo esto, me pregunto en qué grupo estarías tú, si estuvieses allí.]

En el escenario, mi ropa negra no pasaba desapercibida.

Hasta la última alma de la plaza, podía leer perfectamente la palabra «zumba» en las líneas doradas laterales de mis leggins.

De pronto, a lo lejos, lo vi…

Me subió un sudor frío, una sensación incontrolable.

Ganas de salir corriendo y esconderme.

No era pánico escénico.

Llevaba ya varios años haciendo master clases de zumba.

El escenario ya no me suponía un problema.

Al contrario, era algo que disfrutaba todo el tiempo que mis responsabilidades como asesora me permitían.

Todo sucedió muy rápido, qué era esa sensación que se estaba despertando en mi…

Vergüenza ¿? Culpa ¿? Miedo ¿?

Cuando me tocaba bailar, evitaba mirar a ese lado de la plaza, no quería cruzar la mirada con él.

Mi cabeza iba a mil…

«¿Me habrá visto? ¿se habrá dado cuenta de que soy yo? Seguro que no, está lejos, no llevo gafas y tampoco mi disfraz de asesora fiscal seria y profesional…»

Es como cuando estás en una comida familiar y alguien te pregunta con ese tono:

«Y qué… ¿cómo va tu negocio digital?»

Quieres salir corriendo, pero no puedes.

Te paralizas unos segundos antes de articular palabra.

Es uno de esos momentos en los que sientes algo que se parece a vergüenza, culpa o miedo por lo que estás haciendo.

Disfrutas, amas lo que haces, y por eso decidiste apostar por emprender, pero entra en conflicto con una cosa:

El dinero.

[Bueno con dos, también con la forma de pensar de muchas personas de tu alrededor que quieren que cierres el chiringuito y hagas oposiciones.]

No quieres responder a esa pregunta porque sabes que no estás en el punto de ingresos que quieres con tu negocio.

Llevas años con tu proyecto, te lo has currado, pero claro, las cosas llevan su tiempo.

Y no, no tienes ganas de defender que sí se puede vivir de lo que te apasiona y punto.

[Aunque tu cuenta bancaria esté dando señales contradictorias al universo.]

De lo que sí tienes ganas es de tener éxito para que, en la próxima comida familiar, tu negocio sea el motivo del brindis.

Pero la realidad no te acompaña porque tu idea de éxito no está bajada a tierra.

Por eso muchos programas de manifestación o de dinero no funcionan.

Yo misma he consumido muchos de ellos, he leído libros, hecho afirmaciones…

Me motivaba durante un tiempo, pero luego todo volvía a ser igual, cada vez trabajaba más y tenía menos dinero.

Me alejé tanto de mis habilidades prácticas por lo espiritual, que no podía aterrizar mis sueños, ni llevarlos a lo tangible.

Hasta que entendí que todo lo que rechazaba y en lo que era extremadamente buena, (los números, la gestión y los Excels) eran la clave para materializar mis metas más ambiciosas.

Tu cerebro necesita datos, foco, exactitud, detalles, números exactos.

Sino todo queda en un limbo, sin concluir.

Es como chatgpt, si le pedimos cosas muy subjetivas, se inventa las respuestas.

Seguro que las métricas del marketing te están ayudando a medir lo que vas alcanzando a nivel de visibilidad.

Y con el dinero pasa lo mismo, nos ayuda a medir lo que vamos alcanzando a nivel de éxito y libertad.

¿Te has preguntado alguna vez, cuánto es la libertad para ti? ¿o cuánto es el éxito? En cifras.

O ¿qué cantidad de beneficio debería tener tu negocio al mes para sentir menos vergüenza, culpa o miedo en una comida familiar?

[No me vale 10k al mes, dejemos de coger metas prestadas.]

¿Qué cifra es la que determina para ti que realmente sí puedes vivir de tu pasión?

Ahora coge esa cifra y súmale todos los gastos del negocio…

Ahora tradúcela en número de sesiones, programas, proyectos de empresas, productos, servicios, lo que sea que tu vendas…

Y ahora encaja todo eso en el número de horas al día o a la semana que quieras trabajar…

No las que puedas trabajar…

Las horas que realmente quieres trabajar para que sientas verdadera libertad y que tienes el estilo de vida que deseas…

¿Y bien?

Si has llegado hasta aquí, ya tienes aterrizada tu visión.

Le acabas de dar a tu cerebro la clave exacta para manifestar el éxito y la libertad con tu negocio: los detalles, lo concreto, lo tangible.

Acabas de bajar a tierra tu sueño: vivir de lo que te apasiona.

Si, por el contrario, te perdiste desde la primera pregunta clave…

Respira…

Estás en el sitio correcto.

Por eso creé La Maestría, porque mi misión es ayudar a cada emprendedora a bajar a los números (y a los excels) sus metas más ambiciosas.

Quiero que tus afirmaciones y rituales no se queden a medias, porque vamos a darle sostén a todo eso, con alma y estructura.

Porque tú ya sabes cómo es tu vida soñada y tu negocio es el vehículo que te va a llevar a alcanzarla.

Sólo necesitas dominar las reglas del juego del dinero y ponerlas a tu favor.

Si este mensaje resonó en los confines de tu interior, las puertas de mi casa (La Maestría) están abiertas para ti, con unas condiciones especiales que no hay en otro lugar, y que sólo estarán disponibles hasta el miércoles 25 de junio, fecha en la que ya sabes que estaré haciendo un taller on line poderoso:

«Del Caos al Liderazgo Financiero».

Sólo hay 10 plazas para La Maestría y no habrá otra edición en 2025.

Sólo tienes que inscribirte aquí a la lista prioritaria y te compartiré por mail todos los detalles.

¿Quieres vivir de tu negocio con más dinero y libertad?

Te espero en La Maestría.

Con amor, Estefi.🧞‍♀️

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